Te invito un café

Gonzalo Higueras Cortés

“Te invito un café”. Es la frase célebre que representa casi siempre el respiro oportuno del día. El café estimula la mente, contagia alegrías y te despierta como si fueras a vivir para siempre. Por un momento el tiempo se detiene y se auscultan emociones que se diluyen con el primer sorbo. Algo ocurre cuando te llevas la taza a la boca con el sabor delicioso: un tacto caliente inofensivo, una brevedad ilusoria, una esencia intensa. Todo junto, al mismo tiempo, llenándose la mente de aclaraciones para encontrar verdades.
Piura, siempre fue una feria de vanidades y de negocios, una especie de quintaesencia céntrica, donde se mezclan unos con otros en la libertad de sus calles. Muchos circulan, sea por el abatimiento de espíritu o sabrá Dios qué intensidades discurren en las mentes ansiosas; y en aquellos avatares a veces llega como música un nuevo, “te invito un café”

En el café encontramos el milagro burgués del bien, claro, sin ninguna prueba sensata, sólo con la convicción feliz de la distracción. Al recobrar aliento, el bien ingresa al local. Y como en el café todo es ilusión, el bien muchas veces llega revestido de pelo largo y falda corta, o, quien sabe, de lycra y zapatillas, de blondas sensibles, perfumes sensuales, vestimentas perfectas, camisas de encajes transparentes, y entonces, la sonrisa te devuelve lo soñado en realidad. En aquella ceremonia ilusoria lo desconocido se vuelve distinguido en una sensación fugitiva de no arrancar ideas extrañas con los ruidos de la calle. Nada distrae el momento feliz de volver a llevarse el segundo sorbo resistiendo el rumor a distancia.

La siguiente palpitación es la imagen y el recuerdo que viene entrelazado al sabor; el momento compartido favorece las relaciones sociales estimulando la creatividad, despertando los recursos que se adormecen con el cansancio; entonces, la esencia se inunda de energía y vamos descubriendo a los amantes del café y su historia, su origen, sus leyendas y las sensaciones que despierta sus beneficios.

Gonzalo Higueras Cortés
Gonzalo Higueras Cortés

Hace cincuenta años miraba con recelo a los amantes de café del Tres estrellas, Café Zelada, Café Lazo y otros. Tengo imágenes confusas de colores oscuros que se agitan entre mozos de blanco y negro y café; no puedo discernir la forma de transcribir las condiciones particulares, pero es un recuerdo grato: una y otra vez las mismas expresiones sencillas de un día domingo después de la misa de la Catedral. El café de entonces era simplemente “Café”: una taza blanca de cerámica, azucarero con el rubio dulzor y café negro en garrafa de vidrio. Hoy tenemos una variedad interminable: con crema, chocolate, canela, nuez moscada… El gusto ha ido variando de acuerdo al consumismo. En algunos países lo toman con hielo y vienen adquiriendo diferentes personalidades entre los amantes del café: latte macchiato, expreso, capuccino, frappuccino, americano, árabe, irlandés (con bastante whiskey), vienés (con chocolate en virutas), moka (1/3 expreso, 1/3 chocolate, 1/3 leche), y para no olvidarnos de nuestras raíces, el Café de Olleta (elaborado en olla de barro, con canela, clavos de olor, azúcar morena, vainilla…).

El modernismo ha traído nuevas esperanzas a Piura, nuevos locales de café con nuevos nombres; la inventiva y el arte son interminables y se ha ido redescubriendo la esencia con formas distintas; sin embargo, en el fondo, sigue siendo el mismo café.
La historia de Piura se podría extraer de los cafetines, allí se murmura con disimulo la política, los negocios y los amores; allí se pronuncian las fantasías y las verdades como los sueños; todo se va con olor a café y perduran y esperan, como diría Proust, la inagotable gota del recuerdo.

Ocasionalmente voy a tomar café con mis amigos; hablamos de política, periodismo y literatura, y por allí dejo entrever mis cuitas afectivas y los sueños. Entre ellos están la ilusión de volver a sentir las mismas murmuraciones, la lycra maravillosa, la rubia de los sueños y el momento feliz de volver a escuchar: “te invito un café”.

Autor

  • Nació en Piura, 1952. Ha publicado “Cuernos de Luna” (2007), “El Último Tallán” (2010) y “Calima” (2017). Obtuvo el Premio Internacional de Literatura CIANE 2017, en Venezuela.

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