OPINIÓN

Producto de nuestras decisiones

A raíz de los últimos acontecimientos, hemos reafirmado -una vez más- que nuestra casta política está llena de advenedizos, individuos sin palabra, sin fuerza en sus argumentos y decisiones y capaces de abandonar sus dizques pensamientos en menos de 24 horas.

No hay solidez en la mayoría de ellos y, por ende, conforman agrupaciones que se desploman en su inexistente estructura como grupo político. No es cosa de partidos, es cosa de gente.

Muchas veces se decide para la tribuna, para el momento y para los aplausos, no importa, en un momento donde el país se juega la re apertura de su economía y los momentos decisivos en contra de un virus que ya ha matado a más de treinta mil peruanos y que todavía ronda con fuerza por cualquiera de las calles que caminemos.

Así, sin vergüenza alguna, las bancadas, a través de sus líderes, no han dudado en pronunciarse (después de) y al ritmo que les canta el viento. Se disculpan y se retractan, está clarísimo, no pensando en el país y su futuro, sino para buscar el perdón de los futuros votantes a los que, de manera apresurada, otorgaron un show cholywoodense de baja monta.

Martín Vizcarra, no hay que ser erudito en el tema, de lejos nos oculta algo y ha mentido al país, situación que debería colocarlo en la palestra de la idiotez, sino de la inmoralidad, además de los investigados por la fiscalía. Sin embargo, que te acuse un acusado con experiencia como el exprocurador Edgar Alarcón es más que inaudito sino ridículo. Nuestra política, lamentablemente, está llena de gente que siempre quiere cosechar lo que nunca sembró y andan por ahí desabrochados, con la imagen descompuesta. ¿Cómo creerles que están hoy llenos de buenas razones? Difícil, aunque queramos.

Seguiremos viviendo en este país en dos flancos perdiéndonos en idas y vueltas sin sentido, intentando el éxito y encontrando el fracaso hasta que, algún día, empecemos a elegir a gente sin pasado oscuro como Edgar Alarcón y demás cofradía, precisamente, para no dudar -en momentos como éstos- de sus buenos propósitos de “patriotas”, como por ahí lo han calificado los detractores del presidente.

Estas escenas son producto de nuestras decisiones, de nuestros votos, de la ignorancia en su mayoría al confiar siempre en lo mismo no sin antes estudiar el pasado de los actores y su panorama, obligación de votantes y de responsables ciudadanos que siempre evadimos por la eterna flojedad para estar bien informados.

Estamos a casi siete meses de la próxima elección parlamentaria. Ojalá esta vez hayamos aprendido que lanzar la moneda por nuestro futuro es una mala decisión que nos regresa con fuerza en el rostro y que, como siempre, pagamos todos con creces.

Autor

  • Nació en Paita, 1971. Ha publicado las novelas "Entre el cielo y el mar" y "El Príncipe del Rectángulo". Actualmente dirige la revista Barlovento y busca tiempo y espacio para terminar su tercera producción literaria.

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