Las Luces del Puerto

Por: Gonzalo Higueras Cortés

Gonzalo Higueras Cortés

Recuerdo el ayer como el sueño de hoy. Con mi familia llegábamos al balneario de Colán cada verano y pasábamos tres meses disfrutando de pequeños placeres. En aquellos años 50, y con el uso de razón, lo primero que hacía cuando el sol se escondía, era mirar como encandilado las luces del puerto de Paita. A esa edad no tenía idea de distancias, ni el porqué de las tonalidades azuladas que se notaba en el horizonte por efecto del viento y la bruma. No obstante, era consciente del aire que me rodeaba, el olor a frescura del atardecer, aquel que te enseña a soñar. Entonces, ponía atención y pasaba el resto de la noche con una satisfacción reminiscente y un sentimiento de coexistencia con la naturaleza. Gradualmente y casi sin esfuerzo, el ojo se fue preparando a sí mismo para poder transmitir pequeños placeres, y así, al contemplar y apreciar la inagotable expansión de la belleza de sus luces, fui descubriendo con mayor fuerza los sueños.

Mirando el paisaje de la bahía de Paita desde lo alto en la “Cruz” de Colán, recuerdo haberme preguntado con extrañeza: ¿Qué misterios se encontrarán en las luces del puerto? En Colán el sol brilla… -reflexionaba-, las estrellas relumbran, las nubes se aglutinan, y a veces, descargan su agua bendita a la tierra. A pesar de todo, la fascinación permanecía en mi en aquellas luces misteriosas. Aquel paisaje y la transformación con la lluvia, por ejemplo, suponía una suerte de metamorfosis sobrenatural y entendí, por primera vez, las frases de lo humano y lo artístico. El arte resultaba la meta de aquella metamorfosis paisajística, de los atributos de la naturaleza, y permanecieron en mí, sentimientos, imágenes, recuerdos y vivencias, una muestra de sus luces como presencia imaginativa y formalizadora.

Luego de muchos años me convertí en un aficionado a la literatura y cuando intenté escribir mis primeras líneas, llegaron a mi mente aquellas luces del puerto. En cada uno de mis libros ha estado presente aquel paisaje que habita en mí como reflejo de un espectador consciente, de una forma de vida y una forma de ser.

He recorrido Paita por todos sus rincones, he sentido a personajes que pasaron por su suelo, he creído escuchar la voz de Manuela Sáenz, fuerte, decidida, valiente; la presencia de Simón Rodríguez, con sus años viejos; he conocido sus mitos, sus historias y el concepto de sus paisajes culturales, intentando con ello revalorizar los elementos de la acción del ser humano porteño sobre el medio durante los años que, han permitido la conformación de su realidad y su compleja profundidad histórica.

Regreso a menudo a Colán y no dejo de quedarme en silencio acariciando el paisaje de las luces tintineantes del puerto por las noches, donde se funda en mí la poesía y mi sentir. Puedo apreciar música, risas, barcos enfilando al puerto, suspiros de pescadores con silbidos de cansancio, mujeres dulces con sufrimientos detrás de su sonrisa y razones detrás de su timidez. Y, sin embargo, en medio de lo que escribo, olvido las penas y brota la alegría a manantiales gracias a las “luces del puerto”.

Autor

  • Nació en Piura, 1952. Ha publicado “Cuernos de Luna” (2007), “El Último Tallán” (2010) y “Calima” (2017). Obtuvo el Premio Internacional de Literatura CIANE 2017, en Venezuela.

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