Kenji Castillo Chuna, el heredero

Kenji Castillo Chuna

El judo no solo es para competir, nos enseña a levantarnos de una caída

Kenji Castillo Chuna va a cumplir 37 años inmerso en el deporte de los judogis y los tatamis. Toda una vida cundida entre aplausos y medallas. Entró a este universo a los cuatro años de edad, y su meta siempre fue subirse a lo más alto del pódium. Hoy, retirado de las competencias, continúa en la senda del triunfo a través de sus alumnos.

Francis Dallana Godos Aguirre, su alumna, la paiteña, por ejemplo, acaba de coronarse subcampeona Panamericana de judo en Guadalajara, y Kenji ha sentido otra vez el peso de una medalla en su pecho. “Gracias guerrera por dar todo dentro del tatami, por dejar en alto a nuestro Perú”, ha posteado emocionado en sus redes sociales. Es que el maestro sabe que los triunfos de sus alumnos son también de su propiedad, que basta una palabra o el más íntimo secreto de cómo se llega a la cima para también llegar. Los secretos de un maestro valen el oro. Así es el deporte del judo, todo lo que se pueda absorber del sensei se convierte en tu propiedad.

kenji-castilloKenji conoce de competencias en el extranjero. Su primera vez fue en mayo de 1994, en el Sudamericano de judo de Montevideo, a los 15 años de edad, cuando su principal maestro era su padre, el también excampeón y sensei, don Oscar Castillo Morán, quien dejó una huella para la eternidad no solo en sus hijos sino en cada miembro del Club de judo Intipa Churin. Su padre fue el heredero de don Tomás Tomosada Cobos y hoy ha dejado en manos de Kenji la ardua tarea de continuar con esta disciplina que ha cambiado la vida a cientos de paiteños. Hoy nadie podría siquiera imaginar si algún día podrá ser detenida esta influencia.

Desde muy niño, Kenji Castillo soñó con llegar a ser campeón Nacional y de pertenecer a la selección peruana de judo, así como lo fue su padre y otros paiteños de buen talante. Ser hijo de un destacado deportista, para muchos niños, es haber nacido con una obligación. Puede ser el más grande de los orgullos, pero también la más cargante de las responsabilidades. Sin embargo, para Kenji Castillo Chuna la historia de su padre fue la fuerza y la motivación para continuar por el mismo camino.

Sensei Oscar Castillo Morán junto a sus tres hijos varones.

El sensei Kenji Castillo Chuna nació en Paita el 7 de agosto de 1979, es el mayor de cinco hermanos, todos judocas, hijos de don Oscar Castillo Morán y de doña Gina Chuna Morales. Ha sido 9 veces campeón nacional de judo. Su primer logro lo obtuvo a los 7 años de edad, siendo local, en un campeonato regional realizado en el puerto de Paita, a coliseo lleno, en 1986 y cuando apenas pesaba 25 kilos. Pero sintió que su carrera despegaba cuando fue por primera vez campeón nacional, en 1990 y ante el gran jurado de la selección nacional, en Lima.

Morán CastilloEn el extranjero ha competido y ha sido medallista en Uruguay – 1994; también en el Sudamericano de judo Chile – 1995 y en el Campeonato Internacional de Ecuador 1996.

Hoy, a pesar de ser egresado de la carrera de Contabilidad de la Universidad Nacional de Piura, el sensei Kenji Castillo Chuna se dedica única y exclusivamente a las tareas de entrenador: dicta clases para los miembros del Intipa Churin de Paita; clases para alumnos del programa del IPD Región Piura. Pero, ser el heredero de don Tommy lo ha llevado a pertenecer al comando técnico de la selección peruana de judo.

Por las mañanas y las tardes -en plena pandemia- todo este tiempo de confinamiento ha dado clases virtuales a los atletas del Perú en sus diferentes categorías. También brinda clases a nivel nacional en programas de iniciación y tecnificación, todo esto con el aval de la Federación peruana de judo. Todo un maestro el paiteño.

Abocando a mis recuerdos, lo veo junto a sus hermanos Oscar y Toshiro entrenando en la parte trasera de la IE Nuestra Sra. de Lourdes, frente a la casa que ocupaban sus padres en la parte baja del puerto, en el jirón Junín, en horas en que los demás niños paiteños dormían. Su padre fue muy estricto con ellos. Hoy miro su éxito, pero fui testigo de todo su sacrificio.

 

“Hoy por las noches me dedico a estudiar, revisar videos, recibir capacitaciones de la IJF, FDPJ, IPD y más, mucho más. Siempre hay que estar a la vanguardia y nunca se deja de aprender”, nos dice a sus 41 años de edad el sensei paiteño.

El judo es un deporte reconocido por la UNESCO como deporte por excelencia, que brinda educación física integral y que potencia a través del conocimiento todas las posibilidades psicomotrices, ubicación espacial, perspectiva, coordinación, etc. Es fundamental que el niño se sienta feliz. Esta arte marcial es originaria del Japón. Su fecha de fundación se remonta al año 1882, por Jiro Kano, quien reunió distintos sistemas de lucha orientales en uno solo. 

Nuestro campeón paiteño nos cuenta que, desde muy niño, admiraba al judoca japonés Toshihiko Koga, campeón Olímpico y ganador de dos medallas doradas en Barcelona – 1992. Siempre pensó que la meta era representar al Perú como lo había hecho su padre y otros paiteños admirables; siempre trabajó para pertenecer a ese grupo de triunfadores. “Representar a mi país es una sensación indescriptible. Ver mi bandera flameando y escuchar mi himno mientras estás en el pódium es la emoción más grande que te lleva a las lágrimas. Lo viví como competidor y ahora lo vivo como entrenador”

Kenji Castillo Chuna obtuvo su primer cinturón negro a los 16 años de edad, año en que empieza su carrera como entrenador, supervisado por su padre; pero fue a los 20 años que debuta oficialmente como tal trayendo varias medallas para el puerto; actualmente, ostenta el grado de YON DAN (cuarto cinturón negro) y se prepara para obtener el quinto, el GO DAN, que lo colocará entre los maestros más destacados de los últimos tiempos en el exitoso mundo del arte de la suavidad.

“Lo fundamental es hacer que el niño se sienta feliz, que disfrute el tiempo que está en el tatami; ello se logra con juegos lúdicos adaptados a la iniciación del judo. Nuestra misión es ir inyectando el gustito por esta disciplina; asimismo, les vamos inculcando los valores del código moral del judo, como el respeto, la amistad, la modestia, la humildad y la cortesía, así como el coraje. La idea principal es mantener a nuestros alumnos felices. Ya en el camino se verán los talentos y quienes serán los elegidos para continuar con este legado de don Tomás Tomosada”.

Nuestro sensei paiteño de exportación ha representado al Perú -como entrenador- en Brasil, Argentina, México, Ecuador, Chile, Colombia y en República Dominicana. Y ha estudiado en México (2018) logrando su título como instructor internacional de judo, y también es coach por La República Dominicana (2019). En este año, por obvias razones, estaba previsto que viajara a Budapest – Hungría, para obtener su licenciatura en educación física y judo. Kenji Castillo es uno de los dos peruanos que tienen el grado de coach IJF. El Virus solo le ha dado un año sabático. Estamos seguros que nuestro campeón seguirá en ascenso en su ya incomparable vida deportiva.

Aún así, lo primero en que piensa es en sus alumnos antes que en él mismo:
“Creo que mis mejores logros han sido que nuestra alumna paiteña Mariam Flores Arrese llegue a un campeonato mundial (Marruecos 2019) y que hoy nuestros judocas paiteños sean convocados al Centro de Alto Rendimiento de la VIDENA”, nos dice el sensei Castillo Chuna. “Aunque mi logro especial y muy particular es que mi hija Raiza Castillo Guerrero haya sido medallista en el Panamericano de Lima 2019. Eso es algo que llevaré por siempre en mi corazón”, agrega el maestro.

Pero no todo ha sido siempre ganar, pues, nuestro sensei de exportación alguna vez sintió el dolor al ser despojado de integrar la selección nacional, a pesar de haber obtenido el título nacional en su categoría y de haber ganado las etapas clasificatorias para los juegos Bolivarianos del año 1997. Siempre el favoritismo limeño relegando a los provincianos. Ello provocó en él una decepción a tal punto que pensó no continuar en la práctica de su deporte favorito. Se retiró 6 meses de los entrenamientos hasta que reaccionó, a tiempo y, sobre todo, a conveniencia de un puerto como Paita que extrañaba su presencia y su talento dentro del tatami, así también por la angustia de sus padres que lo esperaban con los brazos abiertos para seguir gozando de sus triunfos. “Esa mala experiencia me hizo más fuerte”, nos dice. “Aprendí que el judo no solo es para competir, sino que nos enseña a levantarnos de una caída”.

Ciertas vidas, como la del sensei Kenji Castillo Chuna, están predestinadas para el éxito; pero existe tras bambalinas la pasión, la responsabilidad y hasta algo de sufrimiento que otros nunca podrán observar. El deporte, cualquiera que se practique, no es un juego, al menos no para el que se compromete desde niño; el deporte es, además de una disciplina, un compromiso adquirido; muchas veces, sin haberlo escogido. Nace de repente o, cuando menos piensas, ya te ha invadido sin opción a la renuncia, hasta que te acostumbras, aprendes, sobresales y empiezas a disfrutarlo; y, sin que te lo propongas, pasas a ser el modelo favorito de la gente.
Muchos paiteños fuimos hinchas del talento de los hermanos Castillo Chuna; yo, en especial, de Oscar Junior, el segundo de los hermanos varones, el guerrero desaparecido; no sé, es inexplicable, había algo especial en él que me jalaba. No obstante, me rindo a la excelente carrera deportiva que ha logrado el sensei Kenji Martín Castillo Chuna, orgullo paiteño, hoy maestro y heredero del legado de don Tomás Tomosada.

Escribir sobre ellos es imaginar a esos niños de la calle Junín, entrenando enfrente de su casa cuando otros dormían. Los recuerdo en diferentes competencias, coleccionando medallas para Paita, trepados en lo más alto del pódium y mirando a sus padres, tan felices y orgullosos de sus logros; y a nosotros, sus hinchas, esperando alguna vez volver a verlos en esas colchonetas donde, con su presencia, fuimos todos más felices y donde se aprende que se puede volar alto con sacrificio y dignidad.

Autor

  • Nació en Paita, 1971. Ha publicado las novelas "Entre el cielo y el mar" y "El Príncipe del Rectángulo". Actualmente dirige la revista Barlovento y busca tiempo y espacio para terminar su tercera producción literaria.

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