El Paitazo

El Paitazo

¿Ganamos o perdimos?

Fue una de las pocas veces que vi una Paita gris y desolada, y para ser Paita la pacífica, como su mar, era como estar, de pronto, siendo dominado por uno de esos fenómenos veraniegos viendo cómo se te inunda el alma, la casa y la vida. Nadie podía trabajar ni salir si no fuera para expresarse a favor de la revuelta. Fue el final de los veintitrés días de constantes luchas entre, lo que en ese tiempo se denominaba, la guerra entre los chicos y los grandes, entre los hombres de mar defendiendo y exigiendo sus labores y la insistencia de un gobierno que, a toda costa, imponía una cantidad irrisoria de pesca en una cuota que no alcanzaba para mucho.

Pesca de merluza en lancha (de tipo arrastre)

Pesca de merluza en barco (de tipo arrastre)

Habíamos vivido años atrás días de zozobra cuando las rencillas fueron internas y por el mismo producto que daba vida a todo el puerto: la merluza, entre los mismos pescadores con menos experiencia de vida y las grandes industrias; entre las lanchas pioneras de los caladeros más exitosos del mar de Paita y los barcos factoría que, con uno de sus lances, cacheteaba nuestra escasa tecnología y nuestros pequeños aparejos. Es decir, había ya cierta experiencia en que la unión hacía la fuerza para defender lo que nos correspondía por derecho natural: nuestra actividad bandera, la pesca de tipo arrastre.

Otra historia similar tuvimos, del mismo modo, pero muchos años después, cuando el gobierno de turno intentó imponernos la actividad petrolera, acción que reflejó mucha debilidad por parte del gobierno regional quienes permitieron que la consulta previa por ley, se hiciese en lugares bastante alejados del mar; es decir, se les preguntaba a quienes no conocían la realidad del problema.
“Pesca sí, petróleo no”, fue la consigna desde Tumbes hasta Ancash.

Personajes paiteños buscando soluciones en el Congreso de la República

No existía un informe de impacto ambiental y toda la costa norte del país estaba preocupada por lo que podría pasar con su trabajo.

¿Qué sería de Paita sin el mar y sus riquezas?

Esta pregunta era repetitiva; es que los antiguos pescadores tienen en mente lo productiva que había sido la zona costera de Talara antes de la instalación de plataformas petroleras. No era un capricho, sino que había un claro ejemplo de que el petróleo y la pesca no eran compatibles. La sola remoción del fondo marino -se discutía entre viejos lobos de mar- ahuyentaría, entre otras especies, al principal alimento de la cadena alimenticia marina: la anchoveta. Es decir, si los peces no podrían alimentarse, no crecerían, no se reproducirían y desaparecerían de nuestras costas. “No hay animal tonto”, se decía, “si el animal se siente en peligro, huye”. Asimismo, huiría el turista con la misma desazón que un pescador artesanal.

Si en Paita no hay pesca, nada se mueve.

Y nunca el Estado tuvo una política para preservar los ecosistemas marinos. Nunca hubo una verdadera señal para declarar zonas protegidas (más allá de las cinco millas). Es que más fácil ha sido siempre vender un proyecto al extranjero que trabajar hacia una verdadera transición para el uso de energías limpias.

La depredación -tema recurrente y como era de esperarse- saltó a la palestra para los que consideraban que sí se podía vivir con ambas actividades. Más que un pretexto era un golpe a la conciencia ya que, por años, siempre fue un tema oculto gracias al bienestar que nos traía a todos el sector de pesca de arrastre. Paita había crecido en pocos años gracias a este sistema. Trabajo sobraba y dinero también para todo el que llegara en su búsqueda.
Fui testigo presencial de la bonanza. Nadie pudo ver el futuro, lamentablemente, o no había tiempo para eso. Si bien es cierto, nadie conoce lo que va a pasar mañana, sabemos que es gracias a lo que hagamos lo que nos permite prepararnos de la mejor forma para lo que, quizás, pueda suceder de una manera mucho más eficiente.
Pero no, nunca estuvimos a la altura; y así como la calma absoluta no es la ley del océano, la conveniencia no dejó que observáramos más allá de lo evidente y fuimos traicionados por nuestro propio silencio. Así nos ha golpeado siempre la competencia: con nuestras propias debilidades que no supimos combatir a su tiempo.

Este 26 de abril se conmemora un año más del mal llamado “Paitazo”, que no es otra cosa que una revuelta, un reclamo, un día donde el puerto se enlutó con dos muertes. Ese día del año 2012 perdimos a dos paiteños: Robert castillo Páucar y a un menor de edad de iniciales ARC. Y nada de lo que se pudo lograr puede entenderse como el haber ganado la batalla. Nada; ni el haberse logrado el cometido: el aumento de la cuota de pesca de merluza y del precio de la misma; así como -dicen también se logró- el agua y alcantarillado para las tres cuencas, o la filial de la universidad nacional de Piura (que ya ni siquiera existe) y otros requerimientos que han quedado a la espera, como la revisión del contrato con los TPE, etc. 

Aquí hubo muertes lamentables que no debemos olvidar: es un día doloroso. El paitazo no es una celebración, sino una conmemoración. Aquí se enlutaron dos familias paiteñas más que el haber ganado una cuota social a los industriales para que sea repartida entre los más necesitados. Por experiencia, podríamos decir que, muchas veces, al repartirse este producto, y en lugar de entregarlo en nombre de los fallecidos, se aprovecha más con el afán de “figuretear” y de salir en la foto.

¿Quién lleva el control de las cuotas sociales? ¿Se proporcionan en los días y con las cantidades establecidas en el acuerdo?

Arístides Chulle Purizaca, pescador en actividad y luchador social, nos cuenta lo duro que fueron esos días:

Arístides Chulle Purizaca

Arístides no es natural de Paita, sino del distrito de Rinconada Licuar, uno de los seis distritos que conforman la provincia de Sechura. Nació un 9 de junio de 1969. Fue en primera instancia un pescador artesanal, pero dio el gran salto a la flota industrial dos años después, a inicios de los años noventa, en pleno auge de la pesca de arrastre. Arístides es un libro abierto porque ha conocido lo bueno, lo malo y lo peligroso. Ha sido dirigente del sector pesquero desde el año 2003 como subsecretario; también como secretario de asistencia, precisamente, del hombre que tuvo a cargo las mediaciones del problema de la merluza, Félix Ipanaqué Jiménez; así como secretario general desde el 2015, logrando, según sus propias palabras, la derogatoria de los 5 decretos supremos que preparaba la construcción de diferentes plataformas petrolíferas en nuestras inmediaciones donde, por historia y experiencia, se sabe, son lugares de reproducción y desove.
Arístides Chulle estuvo muy cerca de las negociaciones y es uno de los hombres que, con su lucha constante, han escrito esta parte de la historia de este puerto donde dos muertes, que pudieron ser evitadas, hoy nos recuerdan la prepotencia de un gobierno incapaz de dialogar fuera de sus dominios y la defensa de un pueblo hacia su mar y su pesca que, aunque lo hayamos maltratado con el transcurrir de los años, continúa dándonos sostenimiento y orgullo.
Casi siempre se lucha a desventaja cuando se enfrenta al poder de turno. Casi siempre se pierde y se termina cediendo. Pero -nos dice Arístides Chulle- demostramos aquel día 26 de abril, que yendo a luchar contra lo que creemos nos pertenece por historia, y teniendo en mente que la esperanza es lo último que se pierde, podemos estar a la altura.

NOTA: Las revueltas fueron de menos a más, iniciando con un paro de 24 horas un 3 de abril del 2012, seguida de otro de 72 y finalizando con una huelga indefinida que se inició un 23 y que marcó un antes y un después en la tierra de Grau.

Fotografías extraídas del muro de Arístide Chulle. 

 

Autor

  • Nació en Paita, 1971. Ha publicado las novelas "Entre el cielo y el mar" y "El Príncipe del Rectángulo". Actualmente dirige la revista Barlovento y busca tiempo y espacio para terminar su tercera producción literaria.

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